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¿Qué es la unción de los enfermos?
Unidad 20/Proclamación Spanish
Hay investigaciones fascinantes sobre la adicción y su relación con la comunidad, que han revelado que la recuperación tiene más componentes que solo la sanación física.
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Betty: Resulta que a las ratas les gusta la cocaína. Bueno, algo así. En el siglo 20, unos científicos querían estudiar la drogadicción. Pusieron una rata en una jaula con dos botellas. Una tenía agua normal, y otra contenía trazos de cocaína. Al parecer las ratas casi siempre prefirieron el agua con droga, y casi siempre terminaron tomando mucho y teniendo sobredosis. Los científicos concluyeron que las drogas como la cocaína son tan adictivas que “enganchan” a las ratas, incluso al punto de llevarlas a la sobredosis.
Pero en los años 70’s, un científico llamado Bruce Alexander notó que había algo extraño en el experimento. Las ratas estaban solas en sus jaulas vacías. Así que decidió rehacer el experimento. Bruce inventó un “parque de ratas”. Y el parque era el cielo para ellas. Tenía queso, túneles y juguetes. Pero, lo más importante, era un espacio donde se hacían compañía, volviéndose ratas amigas. Y también tenía ambas botellas de agua. Una con agua normal y otra de agua con cocaína. Y Bruce se preguntó: ¿qué harán las ratas de parque?
Y aquí está el detalle fascinante: las ratas de parque no tomaron agua con droga. Y si llegaban a beberla, no llegaban a la sobredosis. Tal vez la probaban un par de veces, pero hasta allí. En el primer experimento, casi el 100% de las ratas llegaban a la sobredosis. Pero en el parque, casi ninguna de ellas lo hacía.
El experimento de Bruce Alexander cuestionó la idea de que la drogadicción es meramente causada por los ganchos psicológicos de los químicos. Tal vez la adicción sucede en la ausencia de comunidad y relaciones. Pero, por otro lado, los humanos no somos ratas. ¿Existe algún experimento similar que podamos ver en humanos para comprobar esta teoría?
Los Archivos de Psiquiatría General condujeron un estudio detallado de soldados que regresaron de la guerra de Vietnam. En la guerra, muchos de ellos recurrieron al alcohol, heroína y otras drogas. La preocupación en ese entonces era que estos miles de soldados volverían a casa y seguirían teniendo estas adicciones, y el impacto que tendrían estos miles de veteranos adictos en el país. Pero resulta que el 95% de los soldados que consumían drogas no continuaron usándolas cuando regresaron a casa. Estando de vuelta con sus familias y comunidades, parecía que las adicciones no los controlaban.
A principios de los 2000, Portugal decidió despenalizar todas las drogas, y redirigir fondos gubernamentales hacia programas que reconectaran a los adictos con la sociedad. En vez de usar el viejo modelo de los “ganchos adictivos”, intentaron algo menos enfocado en el cuerpo y más enfocado en las relaciones, la comunidad y la responsabilidad. El resultado fue una disminución del 50% del uso de drogas en Portugal, así como los casos de sobredosis.
Johann Hari escribió un libro sobre este desarrollo en la ciencia de la adicción. Concluyó su libro diciendo “lo opuesto a la adicción no es la sobriedad. Lo opuesto a la adicción es la conexión”.
Normalmente, tiene sentido enfocarnos en la parte física cuando pensamos en enfermedades o el bienestar físico de nuestros seres queridos. Pero algunos expertos han dirigido sus investigaciones hacia otras áreas, para considerar no solo lo físicos, sino también tratamientos mentales y sociales.
Desde entonces, hemos aprendido que tal vez la soledad es un factor más riesgoso para la salud que fumar o no hacer ejercicio. La Revista de Neurología, Neurocirugía y Psiquiatría, encontró que adultos mayores que vivían solos o no estaban casados eran 70 a 80% más propensos a desarrollar demencia que aquellos que vivían casados o con otras personas. Numerosos estudios actuales han relacionado la soledad con una salud deteriorada, y una muerte prematura.
Analizando datos del Instituto Nacional de la Salud del Envejecimiento y de Medicina Interna, la geriatra Carla Perissinotto de la Universidad de California en San Francisco encontró que los adultos mayores de 60 años que se sentían solos, eran 59% más propensos a experimentar un declive en su habilidad de desempeñar actividades diarias, y eran 45% más propensos a morir.
Sabiendo esto, no debería de sorprendernos que el pesimismo, la hostilidad y rasgos similares estén asociados con altos niveles de inflamación y estrés, ahora ligados al inicio bioquímico de muchas enfermedades crónicas.
Pero tal vez ante las enfermedades severas o el sufrimiento, necesitamos más que solo la ayuda física. Tal vez necesitamos algo más profundo.
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