Transcripción
LD: En el patio de la Universidad en York, Inglaterra, crece un árbol importante. Es un antiguo manzano que comenzó su vida como un injerto, que fue tomado del jardín de Sir Isaac Newton en Lincolnshire. En el verano de 1666, ese mismo árbol de donde salió el injerto, le ayudó a Isaac Newton a cuestionar la naturaleza de la gravedad.
Pero aquí está el problema: es posible que hayas escuchado, o incluso dicho tú mismo, que Isaac Newton “descubrió” la gravedad. Pero parece absurdo creer que un hombre en el siglo XVII descubrió algo que los humanos han experimentado desde el principio de los tiempos.
Isaac Newton no inventó ni descubrió la gravedad en el sentido de que encontró algo que nadie había encontrado antes, o inventó algo que nadie había pensado antes. En cambio, comenzó a pensar de una manera nueva sobre algo que ha existido siempre.
Los científicos exploran el mundo natural y definen lo que observan. Una parte importante de la investigación científica es predecir con precisión cómo se comportará el mundo. Esto lleva a los científicos a definir “leyes de la naturaleza”. Tal vez las conociste en la escuela. Por ejemplo, la ley de gravitación de Newton, sus leyes del movimiento, o la ley de Boyle sobre el gas bajo presión.
Cuando los científicos, como Isaac Newton, observan que las cosas caen al suelo, intentan describir la realidad de una manera que sea universal, precisa y que ayude a predecir otros fenómenos en el mundo. La ley de gravitación universal de Newton establece: “Cada partícula atrae a cada otra partícula en el universo con una fuerza que es proporcional al producto de sus masas e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia entre sus centros”. Wow. Eso es mucho por solo una manzana.
Pero, ¿qué pasa cuando una ley de la naturaleza es contradicha? Por ejemplo, la luz no tiene masa y no debería verse afectada por la gravedad. Sin embargo, es afectada por la gravedad a través de un proceso llamado lente gravitacional. Años después de Newton, Albert Einstein, avanzó en una comprensión más matizada de cómo funcionan las fuerzas gravitacionales sobre los objetos en su teoría de la relatividad general.
Una forma de reconciliar a Newton y Einstein es ver a las leyes de la naturaleza como definiciones dentro de un marco para entender el mundo. Cuando los científicos descubren que una ley no siempre es verdadera, pueden revisar la ley o el marco para entender la realidad. Por ejemplo, en la física newtoniana, los átomos y sus partes se piensan de la misma manera que pensamos en los planetas que giran alrededor del sol. Pero fue a través de varios que los científicos mostraron que no era sólo la ley lo que era inexacto, sino que el ver átomos y partículas como objetos discretos no mostraba todo el panorama. Este fue el nacimiento de la física cuántica, que describe de manera más precisa cómo se comportan e interactúan las cosas a escala atómica y subatómica.
Las cosas se complican más y más cuando pasamos del mundo físico y comenzamos a hablar de personas humanas. Por ejemplo, el campo de la psicología está lleno de hipótesis que se basan en muchos marcos diferentes para entender a la persona humana y la mente.
En Mero Cristianismo, C.S. Lewis nos pide que imaginemos estar en un autobús o tren y escuchar a dos personas peleando sobre un asiento. Podríamos escuchar a las dos personas decir cosas como “Ese es mi asiento, llegué primero” o “¿Por qué deberías tener la primera elección de los asientos?” Lo que podemos aprender al escuchar estos argumentos es que parece haber algún tipo de ley o regla de comportamiento humano justo y decente a la que estas dos personas apelan. Pelear, dice él, es una acción física, pero discutir es intentar mostrar que la otra persona está equivocada.
Osea que incluso si dos personas tienen ideas diferentes sobre lo que es justo, comparten una comprensión común del principio de justicia en sí mismo y, por lo tanto, cómo deberían actuar las personas en esta situación. ¡Ahora hemos entrado en el ámbito de la moral!
Cuando decimos que ciertas acciones humanas son “buenas” o “malas”, estamos definiendo una ley moral que las personas deberían seguir. Esto nos lleva a una vieja pregunta que la gente ha debatido durante siglos: ¿Cómo determinamos si tenemos razón acerca de estas leyes morales? Lo que realmente estamos debatiendo es si existe algo así como una ley moral objetiva, universal. Es decir, una ley que sería verdadera para todos. Y esta ley moral contendría verdad sobre algo más que solo una acción humana. También hablaría de algo universalmente verdadero sobre la persona humana y sobre la naturaleza de la realidad misma.
Todas las leyes morales asumen un “destino” o “fin” para la persona humana. Así como la ley de la gravedad implica un marco para entender la naturaleza en el que la materia está compuesta de partículas, las leyes morales implican un marco preexistente para entender para qué está hecha una persona humana. Si escuchamos a alguien decir “No debes mentir” sin conocer el fin que estamos tratando de alcanzar como personas humanas, es difícil saber si esta ley moral particular es verdadera.
Entonces, ¿cuál es el marco, la naturaleza, el destino o el fin que deberíamos usar para entender a la persona humana? ¿Para qué estamos hechos? ¿Y hacia dónde vamos? ¿Y qué giros deberíamos evitar si queremos llegar allí?