Podcast Spanish
El Combate de la Oración
Unidad 40/Proclamación Spanish
En nuestras relaciones personales, nuestra vida profesional o en el camino espiritual, las pequeñas acciones consistentes pueden generar un cambio grande y duradero.
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Betty: El internet nos permite hacernos preguntas increíbles, maravillosas y realmente importantes. Como “¿Cuántos lápices se necesitan para llegar hasta la luna?” o “¿Cuánto queso cabría en la luna?” Es curioso cómo algo pequeño puede volverse enorme si lo ves desde otra perspectiva.
Eso también pasa en nuestras relaciones. Piensa en esos momentos de tu vida donde pequeñas interacciones terminaron marcando una gran diferencia.
Por ejemplo, la mamá del Dr. Ben Carson solo llegó hasta tercer grado en la escuela, pero siempre estuvo presente en la vida de su hijo con palabras de ánimo que lo impactaron profundamente. Carson, quien llegó a ser un famoso neurocirujano, cuenta que su mamá, Sonya, solía decirle: “Puedes hacer cualquier cosa que haga otra persona, solo que tú lo puedes hacer mejor.” Cada semana, revisaba con mucho cuidado sus tareas y los motivaba con frases como: “Sé que tienen mentes brillantes. Si pueden leer, pueden aprender prácticamente cualquier cosa que quieran saber.” Esos pequeños gestos y palabras, repetidos una y otra vez, le dieron la confianza que necesitaba y lo llevaron a convertirse en un exitoso médico.
Carson se enfocó en sus estudios, se graduó de la preparatoria, entró a la Universidad de Yale en 1969 y luego a la escuela de medicina. A los 33, ya era Director de Neurocirugía Pediátrica en el Hospital Johns Hopkins en Baltimore. Logró avances impresionantes, como la separación de gemelos siameses. Todo esto, gracias, en gran parte, a la constante motivación de su mamá a lo largo de los años.
Algo parecido le pasó a Andy Andrews, un reconocido conferencista motivacional. Cuenta que su maestra, la Sra. Jones, le hacía la misma pregunta todos los días: “¿Qué estás leyendo?” En su momento, Andy no le dio mucha importancia, pero esa pregunta repetida una y otra vez le inculcó el hábito de la lectura. Con el tiempo, leyó cientos de libros, lo que lo llevó a convertirse en un exitoso autor y conferencista.
A veces pensamos que para cambiar el mundo o impactar a quienes nos rodean tenemos que hacer cosas extraordinarias, pero en realidad hay un poder inmenso en los pequeños momentos de bondad que podemos tener cada día. No siempre podemos estar ahí con grandes gestos, pero sí podemos estar de manera constante en formas sencillas.
Un gran ejemplo de esto es John Wooden, el legendario entrenador de basketball de UCLA. Su impacto no vino de discursos grandiosos o estrategias revolucionarias, sino de la enseñanza diaria y la constancia. Les enseñaba a sus jugadores cosas tan básicas como cómo amarrarse bien los zapatos o cómo repetir ejercicios simples una y otra vez. Con los años, esa disciplina y paciencia transformaron a sus jugadores y llevaron a UCLA a ganar 10 campeonatos de la NCAA en 12 años. Su presencia constante y su compromiso diario construyeron relaciones profundas y duraderas.
A lo largo de los años, nuestras relaciones se construyen con estos pequeños momentos: decimos buenos días y buenas noches a nuestra familia, compartimos un almuerzo rápido con un compañero de trabajo, saludamos a nuestros vecinos al salir de casa. Todas estas pequeñas interacciones, con el tiempo, pueden convertirse en amistades de toda la vida que terminan cambiando nuestra historia.
¿Y si lo mismo aplica para nuestra vida espiritual? ¿Y si simplemente llegar a la oración cada día, aunque estemos cansados o ocupados—aunque sea por un momento—pudiera transformar nuestro corazón?
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