Transcripción
LD: Cuando miras a todas las criaturas maravillosas que Dios ha creado, los humanos destacan como los seres más únicos y especiales de toda la creación de Dios.
Betty: Dios nos creó distintos de TODA otra vida; nos regaló un alma, y los poderes de nuestro intelecto y nuestra voluntad. Y aún más asombroso: cada persona es única e irrepetible. Nunca habrá otro TÚ.
LD: El Catecismo nos recuerda en el párrafo 2319 que “Toda vida humana, desde el momento de la concepción hasta la muerte, es sagrada, pues la persona humana ha sido amada por sí misma a imagen y semejanza del Dios vivo y santo.” Esto significa que desde el momento en el que somos concebidos, permanecemos para siempre en una relación especial con Dios, incluso después de morir. Sin embargo, esta relación especial se puede perder eternamente a través del pecado.
Betty: Pero con el deseo de ayudarnos a evitar el pecado, Dios nos reveló en los Diez Mandamientos que nadie debe destruir una vida inocente, porque la vida de una persona es un regalo sagrado y especial. La vida humana es sagrada desde el momento de la concepción hasta el momento de la muerte natural. Esto significa que debemos respetar la vida, la dignidad de la persona humana y esforzarnos por la paz.
LD: Hay muchos delitos contra este Mandamiento: el asesinato, el aborto, la eutanasia y el suicidio. Estos caen bajo este mandamiento porque son formas en las que una persona destruye algo que no tiene derecho a destruir: la sacralidad de la vida humana.
Betty: Esta sacralidad de la vida humana incluye el cuerpo y el alma. No debemos dañar el cuerpo de otra persona, porque el cuerpo merece cuidado y protección. Estamos llamados a amarnos unos a otros, y este amor requiere que tratemos nuestros cuerpos y los de otros con dignidad y respeto. Esto también incluye el daño que podríamos causar al alma de alguien.
LD: Algunas formas en las que podemos dañar las almas de otras personas pueden ser cosas que lleven a otros al pecado como el escándalo, dar un mal ejemplo o convencer a alguien de pecar. El Antiguo Testamento relata la historia de los hermanos Caín y Abel. Caín asesinó a Abel por ira y envidia. Cuando Dios le preguntó a Caín dónde estaba Abel, Caín respondió: “No lo sé. ¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?”
Betty: Pero realmente estamos llamados a ser guardianes, prójimos amorosos, de nuestros hermanos y hermanas en Cristo. Jesús nos enseña que debemos amar al prójimo como nos amamos a nosotros mismos.
LD: El Catecismo menciona muchas formas en las que estamos llamados a respetar la dignidad de la persona humana protegiendo a los demás del daño. Y esto incluye no participar ni apoyar investigaciones que destruyan embriones humanos u otras investigaciones científicas o médicas que puedan dañar a una persona humana.
Betty: Ok, pero hablemos de una pregunta que a menudo surge en relación con este Mandamiento: ¿qué pasa con la legítima defensa? Puede haber situaciones en las que nuestra vida esté en peligro porque alguien pretende hacernos daño o matarnos.
LD: Aún allí debemos hacer todo lo posible para evitar matar a otra persona. Pero si nuestra vida o la de otra persona está en peligro, puede que no tengamos otra opción que usar la fuerza letal para defendernos. Esto no se consideraría asesinato, sino legítima defensa. Por eso, incluso en algunas raras situaciones, la guerra y la participación en ella podrían considerarse como actos justos.
Betty: En última instancia, Dios nos llama a un amor que respeta y lucha por la paz entre todas las personas. Caín dejó que su ira y envidia hacia Abel lo consumieran. Decidió lidiar con su ira a través de un acto de asesinato. Y todos nosotros estamos tentados a herir a otros en ocasiones, pero Dios nos llama a elegir el amor. Esto significa soltar la ira, el odio y cualquier otra cosa que podamos usar para justificar el daño a otros.
LD: Nuestra vida es el mayor regalo que Dios nos ha dado. ¡Una vez que Dios nos da el regalo de la vida, nuestra alma existe para siempre! Nuestros cuerpos y nuestras almas son sagrados y deben ser tratados como tal. Imagina un mundo donde todos creen que toda vida humana es sagrada y debe ser protegida en reverencia a Dios, quien nos hizo a Su imagen.