Transcripción
Narrator: Imagínate entrar en una tienda de café y pedir una bebida. El cajero te dice: “¿Me pudiera dar su nombre para el pedido?” y dices: “Quinto hijo de Júpiter, de nariz grande”. Aunque sería muy difícil poner eso en una taza de café, eso es exactamente lo que significa el nombre romano Quintus Julius Nasica.
Una cualidad que distingue a los humanos de los animales, y que fácilmente podemos olvidar, es que nos damos nombres únicos unos a otros. Estos nombres se llenan de significado y de nuestras experiencias de las personas. Los nombres probablemente son tan antiguos como el lenguaje mismo. Uno de los primeros registros de un nombre escrito, se encontró en tablas de arcilla en Sumeria, que datan entre el año 3200 y el 3100 antes de Cristo.
Nuestros nombres tienen poder. Piensa en lo frustrante que puede ser que alguien que conoces y que te cae bien se olvide de tu nombre. Y peor todavía si lo hacen varias veces o te llaman por un nombre equivocado.
Dale Carnegie, experto en comportamiento humano, lo dijo así: “Recuerda que el nombre de una persona es para esa persona el sonido más dulce e importante en cualquier idioma”.
Un estudio de fMRI encontró que cuando las personas escuchan su nombre, su cerebro tiene mayor activación que al escuchar cualquier otro. Si gritas, “¡Juan!” en una multitud, una docena de personas van a voltear a verte.
Los Antiguos Romanos usaban alguna característica especial como parte de sus nombres. Por ejemplo, Nasica, que significa nariz grande, hubiera sido parte de su ‘tria nomina’ o tres nombres. Quintus Julius Nasica. Quinto hijo de Júpiter de nariz grande.
Pero los nombres se llenan de nuestras experiencias de la identidad con esa persona. En la biblia, los nombres de las personas se cambian cuando experimentan un nuevo llamado o propósito en sus vidas. Jesús renombró a Simón como Pedro. Dios le hace una gran promesa a Abram que cambia su vida radicalmente, y su nombre se convierte en Abraham. Esto sucede en tiempos modernos también. Kanye se cambió el nombre a Ye. Cassius Clay se cambió el nombre a Mohamed Alí cuando se hizo musulmán, Armando Christian Pérez se cambió el nombre a Pitbull y Juan Esteban Aristizábal ajustó su nombre a Juanes para sonar más artístico.
Si te nombran de cierta manera por alguien famoso, puede haber cierta presión de vivir a la altura de ese nombre.
Josué: Hola, me llamo Josué Roca.
Evette: Me llamo Ivette Roca y vivo en la ciudad de Detroit. Soy esposa y madre de cinco hermosos niños.
Josué: Pues, tenemos cinco hijos. Eleva, que tiene 17. Cedro tiene 15, Luz tiene 13 , Templo tiene 11. Y nuestro recién nacido, Elegido, tiene ocho meses.
Estábamos pensando en nombres y un grupo vino a nuestra iglesia y cantó una canción llamada “Elévate, Amor Mío”. Y cuando la cantaron, Yvette y yo nos paramos y cantamos con ellos.
Evette: Recuerdo poner mi mano sobre mi panza mientras cantaban, Elévate, Amor Mío – y eso realmente me habló. Fue como, vernos el uno al otro, “¡Eleva!”, y sentí que ambos tuvimos una confirmación.
Narrator: Los nombres nos recuerdan relaciones, memorias, y nuestra larga historia de relación con una persona. Están atados a nuestra experiencia con la identidad de esa persona. Incluso si son nombres de personas que nunca hemos conocido. Michael Jordan. Madre Teresa. Sería una presión tremenda ir a la escuela si tu nombre es Albert Einstein.
Josué: Pues Eleva está muy bien nombrada. Definitivamente le queda el nombre. Es una persona con mucha creatividad, muy impulsada hacia el frente y hacia arriba. No me sorprendería que otras personas se llamen Eleva por ella, ¿sabes?
Evette: Creo que hay algo hermoso en que te pongan el nombre de alguien más, no solo por el ponerte un nombre, sino porque hay un legado que continúa, y hay algo bonito acerca de eso.
Narrator: Cuando conoces a alguien por primera vez, todo lo que sabes es su nombre -y ese es el inicio de la relación.
Pero, conforme pasa el tiempo conocemos a esa persona, se nos revela y su identidad llena el nombre con significado. Esto puede ser tan poderoso, que incluso después de que la persona se ha ido, podemos escuchar su nombre y recordar imágenes y experiencias de la persona detrás del nombre.
Dios nos llama por nuestro nombre porque desea entrar en una relación con nosotros. Nos conoce, y quiere que nosotros lo conozcamos a Él.
Evette: Creo que Dios tiene un lugar especial en su corazón para nombrar personas y cambiarles nombres, para hablar también de cómo será su futuro, como diciéndoles ‘este es quien vas a ser de ahora en adelante’.
Narrator: En el Antiguo Testamento, Dios se encuentra con Moisés en una zarza ardiente y le revela su nombre. Moisés le pregunta “¿Quién les digo que me ha enviado?” y Dios responde: “Diles que YO SOY EL QUE SOY te envía.”
Dios dio su nombre. Cuando usamos el nombre de Dios, ¿sabemos de quién estamos hablando?