Explicación Spanish
Confiando en el plan de Dios: El poder de decir ‘Hágase tu Voluntad’
Unidad 44/Proclamación Spanish
Explora la relación entre el libre albedrío y la obediencia, y por qué la verdadera libertad no se trata solo de tener opciones ilimitadas.
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Podcast Spanish
Betty: En la película Matrix, el protagonista, Neo, tiene que decidir. ¿Se tomará la pastilla roja o la azul? La pastilla roja representa conocer la dura verdad sobre la realidad. La azul, en cambio, es quedarse en la ignorancia en medio de un mundo simulado, o sea, escoger seguir viviendo sin saber la verdad. Pero, ¿te das cuenta de que en el fondo hay una pregunta aún más complicada?
Más adelante, Neo se encuentra con el Oráculo en su cocina mientras ella hace galletas. “No te preocupes por el florero”, le dice. Neo, al voltear para buscarlo, lo tira y lo rompe. Entonces ella le dice: “Te dije que no te preocuparas. Pero lo que realmente te impactará es: ¿lo habrías roto si yo no te hubiera dicho nada?” Durante toda la película piensa: ¿quiénes son realmente libres, si sus decisiones ya estaban predeterminadas? Si alguien ya sabe lo que vas a decidir en el futuro, ¿eso quiere decir que no tienes verdadera libertad? Y, si esa persona que puede ver el futuro también está interactuando contigo hoy, ¿quiere decir que esa persona está tomando decisiones libres sobre tu vida?
Estas preguntas filosóficas y temas como la obediencia, la realidad y el libre albedrío están en el corazón de toda la saga de Matrix. Pero esas preguntas no son nuevas… tienen raíces profundas en la historia—desde la antigua Grecia, donde ya se debatían estos mismos temas.
Desde el siglo VIII a.C., en obras como La Odisea de Homero, aparece el concepto de “Moira” [se pronuncia MÚ-ya], que normalmente se traduce como “destino”, y representa una fuerza que determina lo inevitable. Pero, aun así, los personajes de Homero siguen siendo responsables de sus decisiones, aunque no puedan escapar del destino.
Sócrates decía que el conocimiento nos lleva a tomar decisiones virtuosas. Para él, todos tenemos cierto nivel de libre albedrío, pero nuestras elecciones pueden estar limitadas por la ignorancia. 750 años después de Sócrates—ya por los siglos IV y V—San Agustín de Hipona también pensaba y escribía mucho sobre el libre albedrío. Para él, los humanos sí tenemos libertad, pero esta está limitada por el pecado, y no podemos escoger plenamente el bien sin la gracia de Dios. Es la gracia la que nos permite volvernos hacia Dios y colaborar con su voluntad.
Más tarde, durante la Ilustración (siglos XVII y XVIII), filósofos como Descartes y Kant también exploraron el libre albedrío como algo fundamental para el ser humano. Descartes se debatía con la idea de que el cuerpo humano funciona con leyes mecánicas ya determinadas, pero el alma—como algo inmaterial—permanece libre y capaz de elegir.
A lo largo de la historia, seguimos viendo las mismas preguntas: ¿Rendir nuestra voluntad a un poder superior—o a un orden moral más alto—nos hace menos libres? ¿Qué significa realmente tomar decisiones libres? Si pensamos que la libertad es solo la ausencia de restricciones, entonces cualquier forma de obediencia parecería un límite. Pero desde Sócrates hasta Kant, muchos pensadores han dicho que la verdadera libertad no es simplemente hacer lo que queramos o evitar el control, sino vivir de acuerdo con lo que es bueno, verdadero y con sentido.
Aquí es donde la analogía del arco y la flecha de Santo Tomás de Aquino puede ayudarnos. Según él, sí tenemos libre albedrío y somos realmente libres para tomar nuestras propias decisiones. Pero hace una distinción importante entre libertad de elección y verdadera libertad. La verdadera libertad no se trata de hacer lo que se nos antoje sin que nadie nos diga nada, sino de poder tomar decisiones en armonía con la razón y la virtud. Sí, es cierto, puedes elegir lo que quieras. Pero si eliges ir en contra de la razón y de la virtud, en realidad te vuelves menos libre. Por ejemplo, puedes decidir tomar alcohol todos los días, pero eso te puede llevar a desarrollar una adicción, y terminas con menos capacidad para dejar de hacerlo. En ese sentido, elegir contra el bien y la virtud va encadenando nuestra voluntad.
Santo Tomás lo explica con el ejemplo de alguien que dispara una flecha. Esa persona elige libremente el blanco, pero la flecha tiene que seguir las leyes de la física y la trayectoria adecuada para dar en el centro. De la misma forma, nuestra libertad es real, pero necesita seguir el orden moral para llegar a la verdadera felicidad. Claro, puedes usar el arco y la flecha como quieras. Pero si el objetivo es encontrar la felicidad, entonces necesitamos usar la razón y el intelecto para descubrir qué es lo correcto y lo bueno.
Así que, aunque al principio puede parecer que someterse a una ley superior—o a la voluntad de Dios—nos limita, la verdadera pregunta es: ¿creemos que hay decisiones correctas e incorrectas? ¿Y elegiremos lo correcto incluso cuando cueste?
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