Transcripción
Betty: ¿Cuál ha sido el momento más feliz de tu vida?
LD: Hmm. Se me ocurren varios. La mayoría son cuando hay otras personas. Pero honestamente, mi hijo acaba de entrar a la secundaria, así que pienso en cuando era bebé. Amaba cargarlo y hacer que se riera. Ahora crece, y es genial. Pero podía tenerlo como bebé por siempre.
Betty: Eso es interesante, porque toda experiencia de felicidad que recuerdo es igual de fugaz. Estar con familia o con amigos, un atardecer o un concierto… todos los momentos felices nunca permanecen. O al menos nunca nos satisfacen completamente. Como humanos, nunca llegamos a decir “Listo. Esta es toda la felicidad que necesitaré en la vida”.
LD: Podemos entender esto mejor al reconocer lo que se llama la dignidad de la persona humana. Somos muy diferentes del resto de la creación de Dios porque fuimos hechos a su imagen y semejanza.
Betty: Esto significa que cada uno de nosotros es un reflejo de Dios. Fuimos creados con un alma inmortal y con las potencias del intelecto y voluntad. Con el intelecto conocemos a Dios. Y con nuestra voluntad, podemos escoger cómo actuar. Como tenemos ambos, tenemos libertad. Y al tener libertad, y un alma inmortal, podemos experimentar amor, verdad, belleza y bondad. A través de estas cosas es que experimentamos la felicidad.
LD: Al crearnos a su imagen y semejanza, Dios creó en nuestros corazones el deseo de felicidad infinita. Porque Dios mismo es felicidad infinita.
Betty: Dios quiso que compartiéramos su vida de felicidad infinita.Este plan es lo que llamamos vocación divina – o el cumplimiento de la dignidad de la persona humana.
Recordemos que las tres personas de la Trinidad son personas divinas en una relación dinámica de conocimiento y amor.
LD: Dios crea libremente por bondad, y crea criaturas como nosotros que pueden compartir su conocimiento y amor en comunión con Él.
Betty: Así es como fuimos creados originalmente, en el jardín del Edén. Dios quiere que escojamos libremente el estar con Él, por siempre. En el jardín, Adán y Eva decidieron alejarse de la luz de la felicidad de Dios.
LD: Este alejamiento de la luz es el pecado original. Y a través de este pecado, la imagen de Dios fue, en cierto modo, desfigurada. Nuestra alma, nuestras potencias de intelecto y voluntad, fueron dañadas y debilitadas. Perdimos nuestra capacidad de escoger estar en esta plena y eterna experiencia de la felicidad en Dios. Por esto es que necesitamos la gracia de Dios. La gracia es la ayuda sobrenatural que Dios nos da al escoger estar con Él.
Betty: Dios está reflejado en toda su creación. Imagina cómo la luz de Dios es reflejada en todas las cosas y personas que nos rodean. A través de la creación, podemos experimentar algo de felicidad aquí en la tierra.
Con nuestro intelecto, podemos ver su bondad brillar en la creación y a través de ella, y saber que Dios existe. Con nuestra voluntad podemos optar por caminar hacia la luz de Dios.
Pero esta luz indirecta y reflejada nunca permanece por siempre. No es la experiencia plena y eterna de la felicidad divina.
LD: Jesús es plenamente Dios, pero también es plenamente hombre. Así, en Jesús, vemos la misma dignidad de la persona humana que nosotros tenemos. Tiene un alma inmortal, intelecto y voluntad. Tiene libertad, y puede escoger libremente entre el bien y el mal. Pero Jesús también es Dios mismo. Jesús disfruta la felicidad de Dios. Y Jesús, como la imagen perfecta de Dios, no está desfigurado y debilitado por el pecado.
Betty: A través de Jesús, se nos invita a la felicidad para la que fuimos creados. Jesús nos ofrece su vida y gracia, que nos ayuda a responder a Dios. Al aceptar la vida de Jesús, recibimos el Espíritu Santo. A través del Espíritu Santo, Jesús vive en nosotros y a través de nosotros. Todavía tenemos libertad. Pero ahora, con la ayuda de Jesús, el Espíritu Santo, y el don de la gracia, podemos optar por volver a la luz.
LD: Jesús nos da la capacidad de experimentar aquello para lo que fuimos creados. Esta vida en Jesús nos permite cumplir nuestra vocación divina, para experimentar la felicidad en Dios. Esta felicidad en Dios es llamada Bienaventuranza.
Betty: El Catecismo dice en el párrafo 1719, “Dios nos llama a su propia bienaventuranza.”
Podemos comenzar a experimentar esta bienaventuranza aquí en la tierra. Pero estamos hechos para el cielo, donde experimentaremos la felicidad divina, o la beatitud de Dios, por siempre. La vida en Cristo cumple nuestra vocación divina a la beatitud. Y de esta forma cumplimos el deseo infinito en nuestro corazón por la felicidad de Dios.