Transcripción
Betty: Nunca me han gustado los finales. Como cuando se acaba una buena película, o la última canción de un concierto, o cuando estás en una fiesta con amigos y todos se tienen que ir… es la parte que menos me gusta. Al final de una oración solemos decir “Amén.” Pero el final del Padre Nuestro es diferente…
LD: El origen de decir “Amén” al final de las oraciones viene desde las prácticas hebreas antiguas. La palabra hebrea que se usaba al terminar una oración significa algo como “En verdad,” o “Que así sea,” o “Así es.” Entonces, decir “Amén” al final de una oración es como decir: “Creo, estoy de acuerdo y quiero que sea así.”
Betty: También es interesante que el mismísimo final de la Biblia—el final del Apocalipsis—termina con “Amén.” Y también el Padre Nuestro. Y hasta el Catecismo termina mencionando el sentido de “Amén.”
LD: Pero el Catecismo dice algo muy interesante sobre el “Amén” en el párrafo 2865. Dice: “Con el ‘Amén’ final expresamos nuestro ‘fiat’ respecto a las siete peticiones: ‘Así sea’”. ¿Y qué significa eso?
Betty: “Fiat” en latín significa “Hágase.” El Catecismo está haciendo referencia a María, que en la Anunciación responde con su “fiat” al ángel. El ángel le explica que ella traerá a Jesús al mundo. Y ella responde: “Hágase en mí según tu palabra.” Ese es su “sí,” su “fiat,” su “Amén” al mensaje del ángel.
LD: Ese momento fue clave en la historia de la humanidad. Fue el momento en que María tuvo una elección. La salvación de todos dependía de que una persona recibiera la “Buena Nueva”: el plan de Dios de salvarnos reconciliándonos con el Padre a través de Jesús y en el Espíritu Santo.
Betty: María escuchó esa “Buena Nueva,” esa oración, y respondió al final con su propia oración sencilla. Y así como por un hombre y una mujer en el Jardín del Edén entraron el pecado y la muerte en el mundo, también por un hombre y una mujer—Jesús y María—entra al mundo la obra salvadora del Evangelio de Cristo.
LD: ¡Nuestro Dios es un Dios de nuevos comienzos! La conclusión del Padre Nuestro se conoce como la “doxología final.” El Catecismo nos recuerda que allí se retoman las tres primeras peticiones.
El párrafo 2855 dice: “La doxología final ‘Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria por siempre Señor’ vuelve a tomar, implícitamente, las tres primeras peticiones del Padrenuestro: la glorificación de su Nombre, la venida de su Reino y el poder de su Voluntad salvífica. Pero esta repetición se hace en forma de adoración y de acción de gracias, como en la Liturgia celestial.”
Betty: El Padre Nuestro es como un resumen de la “Buena Nueva,” del Evangelio de Jesucristo. Resume la vida y la misión de Jesús en el mundo. Las tres primeras peticiones son sobre la gloria de nuestro Padre: su nombre, su reino y su voluntad. Las otras cuatro tratan de lo que Él quiere para nosotros: que tengamos alimento, perdón de los pecados y victoria en la lucha entre el bien y el mal.
LD: Jesús no solo resume la “Buena Nueva,” también nos da esta hermosa oportunidad de responder a esta oración del cielo con nuestro propio “Amén,” nuestro propio “fiat” como lo hizo María.
Betty: En el corazón de la misión y el ministerio de Jesús está la revelación del corazón del Padre. Jesús revela a un Padre que quiere restaurar nuestra relación con Él. Y el Padre Nuestro nos muestra cómo se ve esa relación en la vida de un discípulo.
LD: El Catecismo también es un regalo que resume de manera preciosa la bondad amorosa de Dios y su plan de reconciliarnos con Él. Resume la “Buena Nueva” de Jesús. Nos enseña lo que creemos en el Credo, cómo lo vivimos y celebramos en la Liturgia y los Sacramentos, cómo lo llevamos a la práctica en la vida moral en Cristo, y la relación de oración que hace todo esto posible.
Betty: El Catecismo es un resumen del Evangelio y de toda la revelación divina cumplida en Jesús y confiada a la Iglesia, su Cuerpo. Y el Padre Nuestro sigue siendo hasta hoy parte de todo lo que hacemos como cristianos. Se reza en cada Misa, todos los días, en todo el mundo.
LD: Ya sea con las aguas del Bautismo, el aceite del crisma, la luz del cirio pascual o la ofrenda de pan y vino, siempre rezamos el Padre Nuestro antes de presentar nuestras ofrendas sencillas al Padre, en el Espíritu Santo. Y Dios toma esas ofrendas simples y las transforma. Se convierten en una invitación a experimentar la vida del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Betty: Cada vez que rezamos, participamos en la Liturgia, oramos con el Padre Nuestro o leemos el Catecismo, de alguna manera el cielo y la tierra esperan el final. Porque nuestro Dios es un Dios que convierte los finales en nuevos comienzos. Él hace nuevas todas las cosas. Y al final, lo único que falta es nuestra respuesta.
LD: Ahora que llegamos al final del Padre Nuestro—y al final del Catecismo—volvemos otra vez a María y a su respuesta. ¿Responderemos como Adán y Eva? ¿O como María y Jesús?
Betty: Así que la próxima vez que reces el Padre Nuestro, o leas el Catecismo, o escuches la “Buena Nueva,” recuerda a María y al Dios del final y del principio. Recuerda al Padre y su plan de amor en su Hijo Jesús y en el Espíritu Santo. Y recuerda lo que todos estamos esperando al llegar al final: ¿cuál será tu respuesta?