Transcripción
LD: Hay un pasaje en la Biblia que siempre me llama la atención cuando pienso en la oración. En el Evangelio de Marcos dice que una mañana, “muy de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, Jesús se levantó, salió de la casa y se fue a un lugar solitario donde se puso a orar.” (Marcos 1:35).
Si lees un poco antes, te das cuenta de que el día anterior Jesús había tenido una jornada intensa predicando y sanando enfermos en Cafarnaúm (Marcos 1:32-34). Creo que esto es muy importante. A pesar de lo ocupado que estaba con su misión, a pesar de que era Dios y de que todo el mundo lo buscaba (los discípulos incluso le dijeron: “Todos te están buscando”), Jesús siempre hacía tiempo para orar y estar en comunión con el Padre.
Betty: Este pasaje nos muestra que levantarse temprano para orar era parte de su rutina. No oraba solo cuando le era conveniente.
LD: Eso me recuerda lo que enseña la Iglesia en el Catecismo sobre la oración. En el párrafo 2697 dice: “no se puede orar «en todo tiempo» si no se ora, con particular dedicación, en algunos momentos: son los tiempos fuertes de la oración cristiana, en intensidad y en duración.”
Betty: Se nos invita a una relación con Jesús, y esa relación es la oración. Pero la vida de oración no es solo un momento aislado, sino que es parte de nuestra relación diaria con Él, impregnando todo lo que hacemos.
LD: Y, así como en cualquier relación de pareja, familia o amistad, necesitamos cierto ritmo. Momentos específicos para estar juntos, para escucharnos y fortalecer el vínculo. Tener tiempos y rutinas concretas de oración nos ayuda a crecer en nuestra relación con Jesús y a caminar con Él día a día.
Betty: La oración es la vida del corazón que camina cada día con Jesús. “La Tradición de la Iglesia propone a los fieles unos ritmos de oración destinados a alimentar la oración continua. Algunos son diarios: la oración de la mañana y la de la tarde, antes y después de comer, la Liturgia de las Horas. El domingo, centrado en la Eucaristía, se santifica principalmente por medio de la oración. El ciclo del año litúrgico y sus grandes fiestas son los ritmos fundamentales de la vida de oración de los cristianos.” (CIC 2698)
LD: Estamos invitados a organizar nuestra vida con un ritmo que incluya tiempos intencionales de oración en nuestro día a día. Y algo interesante es que Jesús buscaba un lugar apartado, lejos de distracciones, para estar a solas con Dios. Podemos imitarlo y apartar un tiempo y un espacio sagrado para nuestra oración.
Betty: Y entonces, ¿qué deberíamos hacer durante estos momentos de oración?
LD: El Catecismo lo explica en el párrafo 2699: “El Señor conduce a cada persona por los caminos que Él dispone y de la manera que Él quiere. Cada fiel, a su vez, le responde según la determinación de su corazón y las expresiones personales de su oración. No obstante, la tradición cristiana ha conservado tres expresiones principales de la vida de oración: la oración vocal, la meditación, y la oración de contemplación. Tienen en común un rasgo fundamental: el recogimiento del corazón. Esta actitud vigilante para conservar la Palabra y permanecer en presencia de Dios hace de estas tres expresiones tiempos fuertes de la vida de oración.”
Betty: Entonces, el Catecismo nos habla de tres “expresiones de oración”. Pero recuerdo que antes se mencionaron cinco formas de oración: petición, intercesión, acción de gracias, bendición y alabanza. ¿Cómo se diferencian?
LD: Bueno, piensa en estas cinco formas de oración como el contenido de nuestra oración, lo que podemos y debemos decirle a Dios. Y estas tres expresiones de oración son más bien el cómo nos comunicamos con Él.
Betty: Ok, entonces la primera es la oración vocal—hablarle a Dios en voz alta o en nuestro interior, o incluso orar con otros en comunidad.
LD: La segunda expresión es la meditación. Es una forma de involucrar nuestros pensamientos, imaginación, emociones y deseos en la oración. Puede ser reflexionar sobre la Escritura, sobre la vida de Jesús o sobre Dios mismo. Se trata de centrar nuestra atención en Él y dejar que nos hable a través de lo que meditamos.
Betty: Y la última expresión de oración suena un poco más difícil de describir. La oración contemplativa, según el Catecismo, es “una mirada de fe, fijada en Jesús, una escucha de la Palabra de Dios, un silencioso amor. Realiza la unión con la oración de Cristo en la medida en que nos hace participar de su misterio.” (CCC 2724).
LD: La oración contemplativa es algo a lo que todos deberíamos aspirar, pero es más un regalo de Dios que algo que simplemente hacemos. Es como cuando dos personas que se aman mucho se ven después de mucho tiempo… no necesitan palabras. Solo se miran, sonríen y disfrutan de estar juntos.
Betty: Es como una combinación de emociones, pensamientos, meditación… todo en uno.
LD: Estas expresiones de oración nos ayudan a entender lo que significa vivir una vida de oración, caminar con Jesús todos los días. Él nos llama a una relación transformadora y llena de vida. Y nosotros, al imitarlo y darle un lugar prioritario en nuestra vida diaria, podemos descubrir la maravillosa aventura que Dios nos ofrece a través de la oración. Porque al final, la oración es la vida del corazón que camina cada día con Jesús.