Transcripción
LD: En el 2021, el papa Francisco hizo un comentario aprobando una revisión a la traducción italiana del Padre Nuestro. Y dio una razón muy interesante para esto, relacionada con las dos últimas peticiones de esta oración que Jesús nos enseñó.
Betty: Las tres primeras peticiones se refieren al nombre de Dios, a su Reino y a su voluntad. Y en las últimas cuatro peticiones, oramos por nuestras necesidades físicas y espirituales. Así que, las dos últimas son: “No nos dejes caer en la tentación” y “Líbranos del mal.”
LD: Exactamente. Y el papa Francisco quiso asegurarse de que realmente entendiéramos lo que Jesús nos está enseñando en estas peticiones. Aprobó una revisión a la traducción que decía “No nos induzcas a la tentación”, reemplazándola por “No nos dejes caer en la tentación.”, como decimos en español. Su intención era aclarar que Dios no lleva a las personas a la tentación. Es Satanás, el Maligno, quien nos conduce a ella.
El Papa en realidad no impuso una nueva traducción del Padre Nuestro para todo el mundo. Fue más bien un comentario para destacar que algunas traducciones no capturan todo el significado.
Betty: Eso tiene sentido. Pero si Jesús fue tentado en el desierto, y se dice que el Espíritu Santo lo llevó al desierto donde fue tentado… ¿entonces no fue Dios quien “llevó” a Jesús a la tentación?
LD: El Espíritu Santo condujo a Jesús al desierto para orar, estar cerca de Dios y experimentar pruebas. El Catecismo subraya este punto explicando en el párrafo 2847: “El Espíritu Santo nos hace discernir entre la prueba, necesaria para el crecimiento del hombre interior en orden a una “virtud probada”, y la tentación que conduce al pecado y a la muerte. También debemos distinguir entre “ser tentado” y “consentir” en la tentación.”
Betty: Esto es lo realmente importante de estas peticiones. Dios, como Padre amoroso, no nos conduce a la tentación. Quiere protegernos de ella, pero no solo eso: también quiere que aprendamos a enfrentar la tentación como lo hace Jesús.
LD: Exacto, y esto tiene sentido porque todos experimentamos pruebas en nuestra vida, que son oportunidades para crecer en obediencia y confianza en Dios. Pero no debemos confundir esas pruebas con tentaciones, ni con nuestra propia decisión de ponernos en situaciones donde podamos ser tentados.
Betty: Aquí es importante entender bien la palabra “tentación.” La tentación es una atracción hacia el pecado que surge ya sea dentro de nosotros —por los efectos del pecado original— o desde fuera, como una prueba. Todos deseamos la bondad y la felicidad, y todos buscamos elegir cosas que nos traigan felicidad. Pero también somos tentados a usar mal nuestra libertad y elegir el pecado, pensando que nos traerá felicidad.
LD: Y la manera en que el demonio nos tienta es tratando de convencernos de que elegir el pecado nos dará felicidad. El Catecismo explica que al pedirle a Dios ayuda para evitar la tentación y ser liberados del mal, se nos recuerda nuestra necesidad de discernimiento. Necesitamos distinguir entre lo que parece bueno y la verdadera bondad, si queremos vencer la tentación.
Betty: Por eso tiene sentido que el Catecismo llame a la tentación parte del “combate de la santidad.” Requiere discernimiento en oración y la gracia de Dios, e implica una decisión del corazón. Jesús nos enseña que la tentación es una realidad que vamos a experimentar en un mundo que ha caído en el pecado. Así que necesitamos ayuda para discernir cuándo Dios nos conduce a una prueba y cuándo simplemente estamos consintiendo una tentación.
LD: Rezamos la última petición: “Líbranos del mal”, que Jesús rezó de manera explícita. Oramos juntos, como la familia de Dios —la Iglesia—, para ser librados completamente del mal. Y Jesús no habla solo del mal como una idea abstracta, sino de una persona: Satanás, el Maligno.
Betty: Satanás es un mentiroso y el padre de la mentira. Y cuando cedemos a la tentación por medio de esas mentiras, vemos las consecuencias: destrucción, traición e incluso asesinato. A través de las mentiras de Satanás, el pecado y la muerte entraron en el mundo. En esta petición final miramos hacia la victoria definitiva de Jesús, que comenzó con su triunfo en la Cruz, la Verdad suprema que “nos libra del mal.”
LD: Jesús logró la victoria y nuestra liberación del maligno mediante su Pasión, muerte y Resurrección. Por eso, oramos en el Espíritu y con la Iglesia: “Ven, Señor Jesús”, porque su venida nos librará del Maligno.
Betty: Porque aunque enfrentemos pruebas, tentaciones, pecado y muerte —incluso al Maligno—, no los enfrentamos solos. Jesús nos enseñó en el Padre Nuestro a pedir a nuestro Padre la gracia y la fortaleza que necesitamos para unirnos a Él en su victoria sobre la tentación, el pecado y el mal. Porque libramos la batalla contra la tentación, el pecado y el mal, con Jesús, por medio de la oración.