Transcripción
Betty: ¿Recuerdas cuando te metías en problemas de niño y decías: “¡Pues, el otro empezó!”
LD: Sí, y es un poco como una manera del Antiguo Testamento de tratar a la gente. Tú me golpeas, yo te devuelvo el golpe. Tú me insultas, yo también te insulto.
Betty: “Ojo por ojo y diente por diente.” Esa es una frase que quizá suene familiar. Pero lo que la mayoría de la gente no sabe es que esta frase del libro del Éxodo estaba destinada a limitar—no a alentar—la venganza contra otro.
LD: En la época de Moisés, esta enseñanza tenía la intención de poner límites a los castigos y represalias. La norma de “ojo por ojo” se consideraba una manera justa de evitar la escalada de violencia. Y colocaba el concepto de justicia bajo una regla sencilla: ningún castigo debía exceder el daño causado.
Betty: Así que cuando Jesús enseñó en el Padrenuestro que debemos orar, “Perdónanos…”, habría sido visto como un cambio cultural y religioso muy significativo.
LD: Jesús nos enseña a tratar a las personas con un estándar diferente a lo que naturalmente estaríamos inclinados a hacer. En lugar de guiarnos por cómo nos tratan los demás, Él nos enseña a reflejar el perdón de Dios. Debemos perdonar a los demás como nosotros mismos queremos ser perdonados.
Betty: Tener esta petición sobre el perdón en el Padrenuestro reorienta totalmente la manera en la que vemos la justicia: de lo que parece ser justo a lo que refleja la misericordia de Dios.
LD: Jesús pide a sus seguidores perdonar, no porque la otra persona lo merezca, sino porque el mismo perdón de Dios hacia nosotros lo exige.
Betty: Pero la enseñanza de Jesús en el Padrenuestro va aún más profundo que esto. El Catecismo nos recuerda que Jesús en realidad está revelando una condición para el perdón de Dios.
LD: La mayoría podría pensar que el cristianismo enseña que el perdón de Dios es incondicional. Pero Jesús no solo revela una condición, sino que también nos hace ver que negarnos a perdonar nos hace daño a nosotros mismos, de cierta manera.
Betty: El lenguaje del Catecismo es notable. El párrafo 2838 dice: “Esta petición es sorprendente(…), según la segunda parte de la frase, nuestra petición no será escuchada si no hemos respondido antes a una exigencia. Nuestra petición se dirige al futuro y nuestra respuesta debe haberla precedido; una palabra las une: “como”.”
LD: La palabra “como” realmente lleva un gran peso en el centro de esta petición. La primera parte, “perdónanos nuestras ofensas”, significa que empezamos esta súplica rezando una confesión de nuestro propio pecado. Admitimos ante Dios que hemos pecado y pedimos perdón.
Betty: Pero también reconocemos en oración que este perdón viene con la responsabilidad de extender el mismo perdón a los demás.
El Catecismo va aún más lejos en el párrafo 2840, diciendo: Ahora bien, lo temible es que este desbordamiento de misericordia no puede penetrar en nuestro corazón mientras no hayamos perdonado a los que nos han ofendido. El Amor, como el Cuerpo de Cristo, es indivisible; no podemos amar a Dios a quien no vemos, si no amamos al hermano, a la hermana a quien vemos (cf 1 Jn 4, 20). Al negarse a perdonar a nuestros hermanos y hermanas, el corazón se cierra, su dureza lo hace impermeable al amor misericordioso del Padre; en la confesión del propio pecado, el corazón se abre a su gracia.
LD: Lograr este requisito de la misericordia es imposible por nuestra propia cuenta. Pero a través de la oración, pedimos a Dios que nos dé la fuerza para vivirlo.
Betty: Pero la gente podría pensar que esto significa que debemos dejar que los demás nos hieran. No está en nuestro poder no sentir ni olvidar una ofensa contra nosotros. Recuerda, Jesús nos está enseñando una oración, y a través de ella ofrecemos nuestro corazón a Dios. ¡Dios quiere ayudarnos a perdonar!
LD: Así que es aquí, en lo profundo de nuestro corazón, donde las palabras de perdón de Jesús y su amor que nunca termina nos encuentran. Al rezar esta petición desde el corazón, experimentamos el amor que ama hasta el extremo.
Betty: Lo opuesto al perdón es la amargura: guardar rencor y negarse activamente a tratar a los demás con caridad porque nos han hecho daño. Pero todos hemos ofendido a Dios y a los demás. Todos hemos querido y necesitado perdón en algún momento de nuestras vidas.
LD: Hay un dicho que dice que negarse a perdonar a otros es como beber veneno para intentar herir a alguien más. Al aferrarnos a estas deudas y rencores, solo nos hacemos daño a nosotros mismos y nos apartamos del perdón de Dios. Jesús nos está llamando a algo más grande. Nos está llamando a dar testimonio de que el amor es más fuerte que el pecado.
Betty: Y no hay límite para el perdón y la misericordia de Dios, excepto nuestra propia disposición a recibirlos plenamente. Y esto significa extender este don divino del perdón a los demás en nuestra vida. Para Dios, “ojo por ojo” no es suficiente para detener el pecado y el mal.
LD: Debemos ir más allá, y esforzarnos en imitar a Jesús. Al enseñarnos el Padrenuestro, Jesús nos enseña a pedir perdón en la medida en que nosotros perdonemos a los demás. Y de este modo, la verdadera oración cristiana permite que la misericordia penetre en nuestro corazón para que podamos perdonar y ser perdonados.