Transcripción
Betty: Hay una fuerte escena en el Antiguo Testamento donde Moisés se encuentra con Dios en el desierto mientras cuida a su rebaño. Moisés llega al Horeb, la montaña de Dios, que más tarde sería conocida como el Monte Sinaí. Allí ve algo muy extraño: una zarza ardiendo que no se consume. Cuando Moisés se acerca, Dios comienza a hablarle desde esa zarza ardiente. Al principio, Moisés siente miedo.
LD: Dios le habla a Moisés y le revela su plan de enviarlo a Egipto para liberar a Su pueblo. También hace algo casi impensable para la época: le revela Su nombre. A lo largo de la vida de Moisés, este momento fue una poderosa revelación del tipo de relación que Dios quiere tener con TODO su pueblo. La zarza ardiente cambió radicalmente la forma en que Moisés veía a Dios, a Su pueblo y al mundo.
Betty: Dios siempre está revelándonos nuevas maneras de ver el mundo. A lo largo de la historia, pero especialmente en Jesús, Dios se ha revelado para que podamos conocerlo y entender el tipo de relación que quiere tener con nosotros.
LD: Como en cualquier relación, nuestra relación con Dios es rica y tiene muchas facetas. Podemos profundizar en esta relación a través de las Escrituras, las enseñanzas de la Iglesia y nuestra experiencia personal. El Catecismo llama a nuestra oración una relación de “alianza”.
Betty: Es una relación especial, íntima y familiar. A lo largo de la historia de la salvación, vemos ejemplos de esta relación de oración revelándose gradualmente en los personajes del Antiguo Testamento, los profetas y los Salmos. Por ejemplo, Moisés hablaba con Dios “cara a cara, como un hombre habla con su amigo”.
LD: Dios desea una relación similar con Su pueblo, una relación que se profundiza y se expresa a través de la oración. El diálogo íntimo de la oración está en el corazón de nuestra relación de alianza con Dios.
Betty: Jesús habló de Su relación con Dios como algo más que una amistad, como una relación de amor con un Padre. Jesús revela la plenitud de esta relación de oración. En el párrafo 2620, el Catecismo dice: “En el Nuevo Testamento el modelo perfecto de oración se encuentra en la oración filial de Jesús. Hecha con frecuencia en la soledad, en lo secreto, la oración de Jesús entraña una adhesión amorosa a la voluntad del Padre hasta la cruz y una absoluta confianza en ser escuchada.”
LD: En Pentecostés, Dios envió el don del Espíritu Santo para que la Iglesia y sus fieles pudieran experimentar la plenitud de la oración que Jesús modeló y enseñó a los discípulos.
Betty: El Catecismo describe cinco formas de oración. No son maneras en las que NECESITAMOS orar, sino formas privilegiadas en las que se nos permite hablar con Dios gracias a nuestra especial relación de alianza con Él. Estas son: bendición, petición, intercesión, acción de gracias y alabanza.
LD: La oración de bendición es nuestra respuesta a los dones de Dios, donde lo bendecimos por habernos bendecido primero, reconociendo Su grandeza y nuestra dependencia de Él (CCC 2626). Muchos Salmos son grandes ejemplos de oraciones de bendición, donde el salmista llama a su alma a bendecir y alabar a Dios por Su bondad y misericordia.
Betty: En las oraciones de petición, expresamos nuestra conciencia de necesitar la ayuda de Dios y le pedimos que satisfaga nuestras necesidades, sean espirituales o temporales (CCC 2629). Jesús nos enseña sobre la oración de petición, alentándonos a pedir con la seguridad de que Dios escucha y responde.
LD: La oración de intercesión consiste en pedirle a Dios por otros, reflejando cómo Cristo intercede por nosotros ante el Padre (CCC 2634). En Su oración después de la Última Cena, Jesús intercedió por Sus discípulos y por todos los creyentes futuros, pidiendo unidad y fidelidad entre ellos.
Betty: La oración de acción de gracias reconoce a Dios como la fuente de toda bondad y expresa gratitud por Su generosidad y gracia (CCC 2637). El leproso sanado que regresó a dar gracias a Jesús subraya la importancia de la gratitud como respuesta a las bendiciones de Dios. Dios se deleita en nuestra acción de gracias y quiere ser parte de nuestras alegrías.
LD: Y en las oraciones de alabanza, glorificamos a Dios por quien es, más allá de lo que hace por nosotros (CCC 2639). Hay una escena poderosa de oraciones de alabanza en el libro del Apocalipsis. El autor describe una visión de la expresión máxima de alabanza, donde toda la creación adora a Dios. En Apocalipsis 5:13 dice: “Respondían todas las criaturas del cielo, de la tierra, del mar y del mundo de abajo. Oí que decían: Al que está sentado en el trono y al Cordero, la alabanza, el honor, la gloria y el poder por los siglos de los siglos.”
Betty: Como una ilustración compleja en la que podemos enfocarnos hasta que se revele un diseño oculto y maravilloso, Dios nos invita a profundizar nuestra comprensión de la oración y de nuestra relación con Él. Por eso debemos alegrarnos en la alabanza y la acción de gracias. Porque Dios ha revelado gradualmente Su invitación a una relación de alianza, y entramos en esta relación de alianza a través de la oración.