Transcripción
LD: Siempre me ha fascinado la historia de Santo Tomás.
Después de tres años de seguir a Jesús, podrías decir que Tomás lo conocía muy bien Pero después de la muerte del Maestro aunque Tomás ya había escuchado de la resurreción, no creyó en ella.
Dijo que no creería a menos que metiera su propia mano en las heridas de las manos y el costado de Jesús. Y de repente…el Señor Resucitado se le apareció a Tomás y lo invitó a hacer exactamente eso.
Betty: A simple vista, no parece que esta historia haga quedar muy bien a Santo Tomás.
LD: Bueno, pero pensemos en esto con otro enfoque…Todos somos como Santo Tomás en cierta manera. Es difícil creer en algo sin tener algún contacto directo con ello. Nos valimos del mundo físico para experimentar la verdad. Los apóstoles sabían esto al decir que proclamaban “lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos.” Es porque de verdad tocaron a Jesús.
Betty: Dios se comunica con nosotros de maneras que podemos entender, ¿cierto? Ya que no somos solo almas sino seres físicos, eso significa que Dios se comunica con nosotros por medio del mundo físico.
LD: ¡El plan de Dios es compartirnos su vida bienaventurada! Esta bendición es revelada y comunicada por los sacramentos. Dios usa pan, vino, agua, aceite y palabras humanas en los sacramentos para comunicarnos su gracia.
Betty: ¿Y exactamente qué es un sacramento?
LD: Jesús instituyó signos visibles que realmente HACEN lo que significan. Estos son los Sacramentos. Estos signos nos dan gracia y nos permiten participar en la vida de Jesús. A través de realidades tangibles y visibles, entramos en contacto con el Señor Jesús resucitado de una manera que podemos entender. Todo esto ocurre en la Liturgia y en la obra de la Iglesia. Esta es la manera en que Dios nos permite compartir su vida misma.
El Catecismo dice en el párrafo 1079: “Desde el comienzo y hasta la consumación de los tiempos, toda la obra de Dios es bendición. Desde el poema litúrgico de la primera creación hasta los cánticos de la Jerusalén celestial, los autores inspirados anuncian el designio de salvación como una inmensa bendición divina.”
Betty: Aristóteles definía la felicidad como el mayor desarrollo de nuestro máximo potencial: nuestro intelecto y nuestra voluntad. ¿Esta vida de bendición también es una vida de felicidad?
LD: Sí, y Dios la lleva todavía más lejos. Nuestras capacidades humanas de pensar y actuar son solo eso: humanas. Pero en los sacramentos, nuestras capacidades de verdad, bondad y amor son elevadas. Se nos da un poder sobrenatural para entrar en comunión con la manera en la que Dios piensa y actúa y ama. Esto es llamado gracia santificante, porque nos permite entrar en la vida de Dios.
Betty: ¿Y cuales son los sacramentos?
LD: Todos están fundamentados en momentos de la vida de Cristo, porque es Cristo quien los instituyó. Hay tres sacramentos de iniciación, dos de sanación, y dos al servicio de la comunión.
Betty: Ok, comencemos con estos.
LD: Muy bien. Estos sacramentos de iniciación son el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía. Estos son los sacramentos por los que entramos a formar parte del cuerpo de Cristo y entramos en comunión con Jesús.
Betty: Y los siguientes dos son los de Reconciliación y Unción de los Enfermos. A través de ellos Jesús nos ofrece la sanación.
LD: Y los dos sacramentos al servicio de la comunión son el Matrimonio y las Ordenes Sagradas.
Betty: En la liturgia de la Iglesia, vivimos estos sacramentos y a través de ellos podemos entrar en comunión con Jesús. Y esto nos permite experimentar la felicidad divina, o gracia santificante, participando en la vida de Dios.
LD Exacto. Todo en la liturgia se dirige a la Eucaristía y fluye desde ella. Los sacramentos nos convierten en templos del Espíritu Santo que luego pueden salir al mundo. A través de los sacramentos Jesús se hace visible y tangible para nosotros y para el mundo entero. Exactamente como lo hizo con Santo Tomás.