Transcripción
LD: Aquí te va una pregunta… ¿Qué es más difícil para Jesús, perdonar pecados o sanar a un paralítico?
Betty: Sí, es una pregunta interesante y está en el mero centro de ese momento en el que Jesús está predicando en Cafarnaúm rodeado por una multitud. Unos hombres bajan a su amigo por el techo y lo ponen en frente de Jesús.
LD: Puedes imaginarte a la multitud expectante. Digo, aquí está Jesús, el que hace milagros y sana. De seguro pensaban: “¿Jesús está a punto de sanar a un hombre que no puede caminar?”
Betty: Entonces, cuando Jesús le dice al hombre “Tus pecados son perdonados”, la multitud estaba perpleja y los escribas empiezan a murmurar que Jesús estaba blasfemando.
LD: Es importante saber que los escribas tenían un conocimiento detallado del Antiguo Testamento y los mandamientos; podían redactar documentos para matrimonios, préstamos y cosas así. Ellos sabían que un hombre no podía perdonar pecados así como así. Lo que Jesús acababa de decir era loquísimo, porque solo Dios podía perdonar pecados.
Betty: Jesús percibe esto y dice “¿Qué es más difícil decir ‘tus pecados son perdonados’ o ‘levántate y camina’? Pues para que sepan que el Hijo del Hombre tiene el poder de perdonar pecados, levántate, toma tu camilla y anda.” ¡Y el hombre se levanta!
LD: Sabemos que Jesús es Dios, pero Jesús quiere que entendamos que el perdón de los pecados, la sanación espiritual, es un regalo más precioso que la sanación física.
Betty: Seguir a Jesús es difícil y se nos da la gracia y la fuerza para seguirlo a través de los sacramentos.
LD: Bautismo, Confirmación y la Eucaristía nos dan la nueva vida en Cristo, pero esta nueva vida no significa que no nos afecta el pecado y ya no podemos escoger mal. Es por esto que Jesús le dio a la Iglesia sacramentos para la salud; con ellos, Jesús puede restaurarnos a una nueva vida, incluso cuando caemos.
Betty: Hay dos sacramentos de sanación: la Reconciliación o Confesión y la Unción de los enfermos.
LD: Cuando nuestra vida es debilitada por el pecado, Dios nos ofrece restauración con el sacramento de la Confesión.
Betty: El catecismo dice en el párrafo 1441: “Sólo Dios perdona los pecados (cf Mc 2,7). Porque Jesús es el Hijo de Dios, dice de sí mismo: “El Hijo del hombre tiene poder de perdonar los pecados en la tierra” (Mc 2,10) y ejerce ese poder divino… Más aún, en virtud de su autoridad divina, Jesús confiere este poder a los hombres para que lo ejerzan en su nombre.”
LD: Jesús visitó a los Apóstoles después de resucitar, sopló en ellos y les dijo: “A quienes les perdonen los pecados, les serán perdonados; y a quienes no se los perdonen, no les serán perdonados.” Jesús les da la autoridad de ofrecer perdón y restauración a los pecadores.
Betty: Jesús también le dio a la Iglesia, a través de Sus sacerdotes, la autoridad de perdonar pecados mediante la Confesión. De la misma manera que un hijo tiene el poder y autoridad de actuar en nombre de su padre, Jesús ha dado a los miembros ordenados dentro de su familia divina, el Cuerpo de Cristo, el poder de perdonar el pecado en su nombre y autoridad.
LD: Hay dos elementos principales en el sacramento de la Reconciliación: el primero es el Espíritu Santo, que nos hace conscientes de nuestro pecado, dándonos un corazón contrito para confesarnos y actuando en nosotros para aceptar y vivir la penitencia.
Betty: Y el segundo es la acción de Dios perdonándonos a través del sacerdote. El sacerdote nos perdona todo pecado en el nombre de Jesucristo.
LD: El Catecismo le da varios nombres a este sacramento. Es llamado Sacramento de Conversión porque somos llamados a convertirnos de nuestro pecado. También Sacramento de Penitencia porque somos llamados a reparar nuestros pecados. También Sacramento de Confesión, porque confesamos nuestros pecados a Jesús a través del sacerdote.
Betty: También es llamado Sacramento del Perdón, ya que Jesús nos perdona a través del sacerdote, y también Sacramento de la Reconciliación, porque a través de este sacramento somos reconciliados con Dios y nuestros hermanos y hermanas en la Iglesia.
LD: Si hemos pecado tan gravemente que no podemos recibir la Eucaristía, ahora somos perdonados y capaces de volver a ella.
Betty: En la historia del hijo pródigo, el hijo rechaza a su familia y su padre, y los deja para vivir una vida de pecado en una tierra lejana. Cuando finalmente decide regresar a casa y confesarle a su padre que ha pecado, la Escritura dice que “Cuando aún estaba lejos, el padre lo vio y corrió hacia él.”
LD: Como el padre del hijo pródigo, Jesús nos está esperando para dar aunque sea el paso más pequeño de confesión. Cuando sentimos al Espíritu Santo invitándonos a volver a Jesús y pedirle perdón, podemos experimentar el poder sanador de Jesús asistiéndonos.
Betty: Jesús desea perdonarnos, y Él es como el Padre que espera, siempre listo para venir rápidamente a nuestro auxilio y perdonarnos, y nos fortalece para ‘ir y no pecar más’. Jesús quiere darnos el milagro más grande de sanación: restaurarnos a la nueva vida a través del sacramento de la Reconciliación.